“La cantidad de pensamientos no es problema; los problemas surgen asociados a nuestras reacciones”
"Algunas veces me castigo. Cada vez que lo hago "alguien" dice: Lo merezco. Puede ser de las formas más vergonzosas, crueles y dolorosas que pueden imaginar. No le deseo esto a nadie".
¿Realmente quieres seguir viviendo en ese espiral de decepciones invisibles e interminables?
El pensamiento excesivo, o sobrepensamiento, “se alimenta de la angustia, de las emociones mal gestionadas”, explica la psicóloga Valeria Sabater. “ Es como si tuviéramos una voz interna que actúa como un feroz castigador, alguien que pone en duda cada cosa que hacemos o decimos, alguien que nos recuerda los errores del ayer y se empeña en alimentarnos a base de miedos, de suposiciones, victimismos e incertezas”.
La persona que cae en este estado psicológico no tiene control sobre sus pensamientos, “la preocupación no se detiene, no tiene botón de apagado y algo así genera no solo un gran agotamiento físico y mental”. El estado de ánimo “se vuelve debilitante, y lo que es peor, quien piensa en exceso solo se centra en los problemas, jamás en las soluciones”.
Esta clase de pensamiento se caracteriza por elaborar cadenas larguísimas de ideas negativas, repetitivas, autofocalizadas y cíclicas. No es un trastorno psicológico como tal, pero sí “un rasgo que está detrás de muchas realidades clínicas como los trastornos del estado del ánimo (depresión, ansiedad), trastornos obsesivos-compulsivos e incluso de detrás de los trastornos de alimentación”.
”La cantidad de pensamientos no es problema”, puntualiza el psicólogo José Antonio García Higuera, director del proyecto psicoterapeutas.com. “Casi siempre estamos pensando, los problemas surgen asociados a nuestras reacciones”. Cada uno de nosotros tenemos cerca de 60.000 pensamientos al día y gran parte de ellos son negativos, repetitivos e inútiles. “Las personas no solo estamos hechas de músculos, de huesos y tejidos”, recuerda Valeria Sabater. “También estamos hechos de miedos, ideas irracionales y un crítico interno muy negativo que alimenta ese pensamiento excesivo e inútil”.
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Esta clase de pensamiento puede originarse por diversos motivos, entre ellos el estrés, uno de los más comunes. “A menudo, nos sentimos superados por las demandas de nuestro entorno. Si la persona, además, carece de adecuadas habilidades para manejar el estrés cotidiano, las preocupaciones y esas emociones adversas que surgen en el día a día, acabará perdido en este tipo de laberintos mentales”. Un problema que deja tras de sí síntomas como la incapacidad de disfrutar de las cosas, el agotamiento físico y mental o la dificultad para conciliar el sueño.
Esta clase de pensamientos pueden arrastrarnos hacia el pasado o el futuro, “nos sacan del momento presente llevándonos al pasado, que no existe, o a un futuro que tampoco existe. Estar siempre lejos del aquí y ahora puede darnos muchos problemas”.
DIOS NO TE PIDE QUE LO ENTIENDAS, SOLO TE PIDE QUE CONFÍES EN ÉL.
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